Capilla de la Anunciación

Un retablo plateresco atribuido a Pedro Lasaosa, con la Anunciación rodeada de santos y un tondo de aire italiano.
- Advocación
- La Anunciación
- Ubicación
- Primer tramo de la nave de la epístola (sur)
- Acceso
- Arco escarzano · muro rehundido
- Bóveda
- Crucería
- Retablo
- Plateresco · s. XVI · Pedro Lasaosa (atrib.)
- Datación
- Hacia 1526–1534
La capilla ocupa un discreto rebaje en el primer tramo de la nave de la epístola —el lado sur—, una sección rehundida del muro de escasa profundidad. Se accede a ella a través de un arco escarzano y se cubre con una estrecha bóveda de crucería. El espacio queda forrado por un retablo plateresco del siglo XVI, en madera policromada y decorado con grutescos, atribuido al imaginero Pedro Lasaosa.
La Anunciación entre santos
De dimensiones modestas, el retablo se organiza en tres calles y dos niveles. La calle central, que abarca ambos, acoge la escena de la Anunciación, sobre la que se dispone un delicado tondo con la Virgen sosteniendo al Niño, estilísticamente emparentado con el Renacimiento italiano. Rodean la escena San Agustín —con el corazón ardiente—, San Miguel —acometiendo al dragón—, San Juan Evangelista y San Juan Bautista.
El conjunto se corona con un ático dedicado al Calvario, flanqueado por los bustos de los apóstoles Pedro y Pablo en sendos medallones. En el banco, la predela muestra la escena de la Última Cena, si bien se han perdido los dos relieves laterales que la flanqueaban.
Una catedral sin obispo
La datación del retablo coincide con el final del episcopado de Juan de Aragón y Navarra, en 1526, y los convulsos años de su sucesión, hasta la llegada de Martín de Gurrea (1534–1544) y Pedro Agustín. En esos ocho años sin obispo residencial en Jaca —entre 1526 y 1534— se realizan la mayor parte de las reformas y modernizaciones de la catedral: con las manos libres, el cabildo acuerda con la rica burguesía local la construcción de las capillas y la renovación del mobiliario. De aquel mismo impulso es la gran sacristía mayor, levantada en 1562.
El retablo actual no fue el pensado en origen: este arco llegó a albergar un retablo dedicado a Santa Bárbara, que más tarde pasaría al altar del Santo Cristo, junto a la capilla de San Agustín.

