Talla Románica
Tres antiguas capillas claustrales de la panda este del primitivo claustro —dedicadas en su momento a San Felipe, Santa Lucía y Santa Margarita— son los espacios que hoy guardan las tallas en madera románicas del museo. En ellas destaca el culto mariano: la representación de la Virgen María fue, y sigue siendo, uno de los hitos más reconocibles del devenir histórico de la fe en nuestros valles.
Algunas de estas imágenes pueden resultar chocantes, al haberse desdibujado parte de las características más formales de las vírgenes románicas —la aparición de pliegues en los ropajes o el «estofado» de las telas marianas puede llevar a confusión—. Pero esos anacronismos nos hablan precisamente de la vigencia del culto a la Virgen en las pequeñas localidades de la diócesis. Junto a ellas destacan también los crucificados románicos, reconocibles por sus cuatro clavos y su largo «perizonium».
Tres claves
La Virgen-Trono
Frontalidad, hieratismo y serenidad: la Madre como trono y el Niño como Sabiduría sobre su regazo.
Anacronismos
Pliegues y dorados añadidos siglos después que conviven con la talla románica original.
Cuatro clavos
Cristo de cuatro clavos y largo «perizonium», rasgos reconocibles del crucificado románico.
Diez tallas en madera











