Capilla de la Santísima Trinidad
Una de las creaciones más grandiosas de la escultura española del Renacimiento.
José Camón Aznar, sobre el retablo
- Advocación
- La Santísima Trinidad
- Cotitulares
- San Martín obispo y el Ángel Custodio
- Ubicación
- A los pies del templo · cierra la nave del Evangelio
- Fundadores
- Martín Sarasa y Juana de Aranda
- Arquitectura
- Juan de Landerri · cúpula sobre trompas aveneradas
- Retablo
- Piedra policromada · Juan de Anchieta
- Policromía
- Nicolás Jalón · 1578
Fundada y espléndidamente dotada como ámbito funerario por el matrimonio de Martín Sarasa y Juana de Aranda, según licencia dispensada en 1570. Dispusieron ser enterrados aquí y que se celebrase una misa diaria durante el año siguiente a su fallecimiento. Suponemos que aquí fueron enterrados, aunque no sabemos exactamente dónde ni si tuvieron lauda: no queda rastro alguno. Ninguno de los dos llegó a ver concluida su capilla.
Los señores de Sasal
Desconocemos la mayor parte de su biografía. Sabemos que eran señores de Sasal —un despoblado cerca de Navasa— y que formaban parte de la rica burguesía mercantil jacetana: para acceder al estamento nobiliario compraron aquel señorío. Otro miembro de la familia Sarasa había costeado en la década de 1520 la capilla y el retablo de Santa Ana de esta misma seo.
En la mente de los fundadores estuvieron como modelo la capilla de San Miguel de Jaca y la del acaudalado mercader Gabriel Zaporta en la Seo de Zaragoza: los mismos maestros de la capilla zaragozana —Anchieta y Salbán— trabajarán aquí, quizá de forma simultánea al sepulcro del obispo Baguer. Los promotores eligieron, en suma, a los mejores maestros posibles entonces en Aragón.
Cronología
La arquitectura
La construcción se encomendó en 1572 al cantero vizcaíno Juan de Landerri —que por recomendación de Sarasa diseñaría también el claustro de las benedictinas de Jaca—, y su arquitectura italianizante constituye uno de los ejemplos más tempranos en Aragón de capilla funeraria con cúpula sin tambor sobre trompas aveneradas.
Es un espacio de enorme simpleza estructural: un prisma de base cuadrada, más una boca de capilla, que remata en media naranja con linterna. Así se configura el característico espacio centralizado con cúpula no trasdosada, tan común en la España del siglo XVI. El paso de la planta cuadrada a la circunferencia se resuelve mediante trompas, solución de los maestros castellanos de la meseta norte.
La cúpula hemiesférica arranca de una planta octogonal, es encasetonada y se decora con florones de madera dorada —los mismos del cupulín de la linterna— que aportan destellos de luz y policromía, muy en la estética de las techumbres hispanas góticas. En cada ángulo del octógono, unas ménsulas con decoración vegetal, cabezas de angelitos, seres alados y pequeñas figuras simbólicas que pueden referirse a las ánimas de los fundadores.
Este tipo de cúpula sin tambor se considera primordialmente romano —inspirado en el Panteón y otros ejemplos de la antigüedad— y tiene, por sí mismo, significación funeraria.
«Dios Padre celestial, apiádate de nosotros.
Dios Hijo, redentor del mundo, apiádate de nosotros.
Dios Espíritu Santo, apiádate de nosotros.»
La Portada
Portada renacentista policromada de carácter monumental, concebida como un arco triunfal de medio punto y probablemente diseñada por Guillén Salbán. En ella conviven la Virgen con el Niño, las Virtudes, santos, escenas de la infancia de Cristo y los símbolos de su Pasión, junto a otros temas de contenido funerario. En su ejecución material participaron tres artistas diferentes.
Juan de Anchieta
Suyos son los modelos romanistas de la Virgen con el Niño del óvalo del frontis, las virtudes de la Prudencia, Justicia y Fortaleza sobre el cornisamiento, y la Esperanza de una de las jambas.
Guillén Salbán
Al propio entallador se atribuyen los modelos menos avanzados de la Fe, la Caridad y la Templanza.
¿Jorge de Flandes?
Un tercer artífice, quizá el imaginero de Sangüesa, esculpió los relieves de factura más tosca.
Leer la portada, de arriba abajo
«Dígnate que yo te alabe, Virgen Sagrada.» · «Dame valor contra tus enemigos.»
El Retablo
Preside el recinto un magnífico retablo de piedra policromada bajo la advocación principal de la Trinidad, con San Martín obispo —por Martín Sarasa— y el Ángel Custodio como cotitulares. Es obra del escultor vasco Juan de Anchieta, con posible traza del entallador mallorquín Guillén Salbán; la policromía se retrasó cuatro años y corrió a cargo del pintor aragonés Nicolás Jalón. Consta de sotobanco, banco de tres casas apaisadas, un cuerpo único dividido en tres calles por cuatro columnas, y ático rematado en frontón triangular.
- En campo de oro, rastrillo o compuerta de color azul (la reja de hierro que defendía los castillos).
- En campo de gules, águila pisando un madero sobre un río.
Tres relieves y doce santos
En las tres caras de los plintos de las columnas se disponen los relieves de tres santos y nueve santas. Salvo Santa Orosia, que porta el alfanje en la mano derecha, las santas carecen de atributos particulares y solo llevan palma y libro, en defensa de su fe. Entre los santos se reconoce a San Francisco de Asís, con el hábito de la Orden, el cordón de tres nudos, la cruz y las llagas en las manos; otro, de amplia tonsura, pertenece a orden dominica o benedictina; el tercero, joven e imberbe, no puede identificarse.
La Trinidad como Trono de Gracia
Cuatro columnas corintias —decoradas en el tercio inferior con angelitos desnudos y estriadas en el resto— articulan el cuerpo central. Entre ellas se abren hornacinas aveneradas.
S · T · U · D
Santa Trinidad, Un solo Dios

Juan de Anchieta
Escultor español de estilo romanista, formado en el taller de Gaspar Becerra, con quien colaboró en el retablo mayor de Astorga. Sus obras en madera y alabastro influyeron en el País Vasco, Navarra, Burgos, La Rioja y Aragón.
Del conjunto destaca el grupo de la Trinidad, cuyo hercúleo Padre Eterno es una réplica del Moisés que Miguel Ángel talló para la tumba de Julio II: pero todo lo que en Miguel Ángel es tensión e inquietud se convierte aquí en solemne reposo. Sus figuras son grandiosas, heroicas y de ademanes grandilocuentes, en una concepción reposada acorde con el pensamiento de la Contrarreforma.
Este retablo y el grupo de la Asunción del sepulcro del obispo Baguer, en esta misma catedral, son los modelos pioneros de las formas romanistas en la escultura altoaragonesa.
El programa funerario
El programa iconográfico del conjunto es de claro signo funerario, y su idea rectora es resaltar la salvación de los patronos de la capilla: guiados por el Ángel Custodio y alcanzada por la práctica de las virtudes, la lectura de los Evangelios y la devoción a San Juan Bautista —Juana de Aranda—, a San Martín de Tours —Martín Sarasa—, a San Pedro, a San Pablo y a otros santos. La Virgen actúa como intercesora entre los fieles fundadores y la Divinidad, manifestada en la Trinidad a través del Padre, del Espíritu Santo y del Hijo sacrificado en la cruz.
En resumen: quien haya llevado una vida cristiana, seguido los preceptos de la fe y practicado las virtudes tendrá no solo la esperanza en el más allá, sino la seguridad de una buena muerte, asistido por su Ángel de la Guarda.

