Capilla de los Dolores

Un retablo barroco de columnas salomónicas envueltas en vid, presidido por una Virgen de Piedad.
- Advocación
- Nuestra Señora de los Dolores
- Ubicación
- Nave del Evangelio · entre San Sebastián y la puerta lateral
- Cronología
- Segunda mitad del siglo XVII · Barroco
- Retablo
- Mazonería con columnas salomónicas
- Lienzo
- Virgen de Piedad
- Fundación
- Casa de Altarraz
En un pequeño hueco de la nave del Evangelio se presenta una obra barroca que destaca un lienzo de una Virgen de Piedad, donde la Madre sostiene al Hijo yacente con la ayuda de un ángel. El fondo, oscuro, sugiere un paisaje montañoso.
Columnas salomónicas y vid
Enmarcando el lienzo se despliega un interesante trabajo de mazonería en el que destacan dos parejas de columnas salomónicas decoradas con vid, que escoltan la pintura que preside el conjunto. Este tipo de columna se hizo bastante popular durante la segunda mitad del siglo XVII en nuestro país, lo que permite situar cronológicamente la obra.
El tema de la vid que parece colgar de las columnas enlaza directamente con la idea de la celebración eucarística, aunque también podría señalarse como símbolo de la abundancia: algo que nunca debería faltar si hablamos de familias dedicadas al comercio.
El Padre Eterno y los Arma Christi
Coronando el retablo aparece la figura del Padre, envuelto casi en su propio ropaje y enmarcado por unas nubes de las que sobresalen las pequeñas cabezas de querubines. Junto a esta figura, dos ángeles portan algunos Arma Christi, los símbolos de la Pasión de Cristo.
El ángel de la derecha ha perdido su brazo derecho —en el que llevaría una lanza— y sostiene en la izquierda el martillo. El de la izquierda porta las tenazas y, si bien ha conservado su brazo izquierdo, ha perdido el elemento que sujetaba: la esponja.
La Casa de Altarraz
En el año 1790 tenemos ya constancia de esta capilla mencionada como «Nuestra Señora de los Dolores» por parte del obispo José López Gil, que la ubica claramente en el lugar entre «San Sebastián y la puerta lateral de la Iglesia». De hecho, es este obispo quien sitúa a la Casa de Altarraz como fundadora del espacio, siendo Antonio Benisía el encargado de su preservación.
En palabras del investigador Ricardo Galtier, estaríamos ante un apellido muy relevante en la sociedad jaquesa de aquellos siglos: una familia de molineros reconvertidos en mesoneros, de la que dejamos de tener constancia en el siglo XIX.
La capilla que admiramos hoy no es del todo la que se hizo: unas fotografías de principios del siglo XX muestran el conjunto rematado por un frontón, hoy desmontado, seguramente para dejar entrar la luz del vano que se abre justo sobre el retablo.

