Capilla de San Miguel

Las Capillas de la Catedral · Museo Diocesano de Jaca

Capilla de San Miguel

Catedral de San Pedro de Jaca

«La capilla de San Miguel pasa por ser una de las muestras más tempranas del arte del Renacimiento en el Alto Aragón»

Capilla de San Miguel
Portada y retablo de San Miguel · Catedral de Jaca
La capilla
Advocación
San Miguel Arcángel
Ubicación
Frente del muro meridional del transepto
Planta
Rectangular · bóveda de cañón con casetones
Portada
Piedra calcarenita · Juan de Moreto · 1523
Retablo
Madera · traza renacentista · 1526
Comitentes
Juan Lasala y Santa Fe y Juana Bonet
Maestros canteros
Juan de Segura y Martín de Larola
Ocho años de obra

Cronología

1518
Comienza la construcción, de nueva planta
1520
Un «maestre Juan» —el florentino Moreto— dirige las obras
1523
Se termina la portada, fechada en su cartela
1526
El retablo está concluido

La capilla de San Miguel se abre en el frente del muro meridional del transepto con una monumental portada renacentista de piedra, y forma parte de la gran renovación que vivió la catedral de Jaca en el siglo XVI.

Los comitentes

Un mercader llamado Juan Lasala

A finales del siglo XV se unieron dos poderosas familias de mercaderes jacetanos al casarse Luis Lasala con Doça de Santa Fe: fueron los padres de Juan Lasala y Santa Fe, mercader, ciudadano de Jaca y consejero real de Carlos V. Controlaba grandes áreas de la economía jacetana y amasó una fortuna considerable. Se casó con Juana Bonet y el matrimonio no tuvo hijos legítimos; su heredero fue su nieto Joanico Lasala, que hubo de pagar los trabajos de policromía.

Fundar una capilla no era solo levantarla: suponía dejar dinero suficiente para que cada día un sacerdote dijera misa en ella. El testador precisó dónde quería ser inhumado —en el suelo de la capilla— aunque no dispuso tumba expresa. Y no reparó en gastos: contrató al arquitecto más destacado de la provincia de Huesca, Juan de Segura, todavía gótico, pero quiso además las nuevas tendencias llegadas de Italia y encargó al florentino Juan de Moreto la bóveda, la portada y el retablo. Su propio comercio —el de la lana— pudo llevarle a Florencia y ponerle ante el Renacimiento de primera mano. Moreto trabajó aquí asociado a artistas aragoneses como Gil Morlanes el Joven y Juan de Salas.

I

La Portada

La obra magna de Juan de Moreto · piedra calcarenita · 1523

Concebida como un arco de triunfo clásico de dos pisos, aloja cuatro santos en sus hornacinas y a los cuatro evangelistas dentro de coronas vegetales. Culmina en un vano circular abocinado —un rosetón que da luz a la capilla— sustentado por tritones. Su rico programa decorativo destaca por la elegancia, la delicadeza y la excelente factura, y ha llamado siempre la atención de la historiografía por sus novedades.

Los grutescos se despliegan por plintos, jambas, pedestales y frisos: harpías vegetalizadas, jarrones flanqueados por delfines unidos por la cola, máscaras, cuernos de la abundancia entrelazados, flameros, dragones, grifos afrontados que apoyan la pata sobre un candelabro rematado en pebetero encendido, trofeos militares y un panel con dos putti desnudos que sostienen una guirnalda de frutos sobre la que se posa un águila. Todos ellos organizados a candelieri, en torno a un eje central, con desarrollo vertical y horizontal, y con la simetría por norma.

Cartela del mecenas

«Esta capilla la mandó hacer el honorable Juan Lasala, mercader y ciudadano de la ciudad de Jaca.»

Cartela del artista

«Esta obra la ha hecho el maestro Juan de Moreto, florentino. Año 1523.»

Debió de quedar tan satisfecho con una obra tan singular que permitió a Moreto firmar su autoría en un texto situado justo frente al suyo.

Las hornacinas

Cuatro santos intercesores

Primer piso

San Cristóbal

Barbudo, con túnica corta y manto, lleva sobre el hombro al Niño Jesús al que transportó cruzando el río, apoyado en el tronco de un árbol. Invocado frente a la muerte súbita sin confesión —bastaba haber visto una imagen suya para no morir ese día— y patrono de viajeros y peregrinos.

Encima · San Marcos, con el rollo y el león
Primer piso

San Roque de Montpellier

Protector frente a la peste, invocado contra la muerte repentina. Viste de peregrino: concha jacobea en el sombrero, zurrón y las llaves cruzadas de romero a Roma. Se levanta la túnica para descubrir la úlcera del muslo; le acompaña el perro con el pan en los colmillos.

Encima · San Lucas
Segundo cuerpo

San Pablo

Calvo y de largas barbas, sostiene un grueso libro abierto a la manera de los filósofos antiguos; no lleva su espada habitual. Su presencia en un contexto funerario se explica porque habla de la parusía en sus epístolas, y la primera a los tesalonicenses se lee en el oficio de difuntos.

Encima · San Juan Evangelista
Segundo cuerpo

San José

Con cayado, pues su iconografía aún no estaba fijada. Es el patrón de la buena muerte: según la leyenda, Jesús lo asistió en su agonía y le envió a los arcángeles Miguel y Gabriel para recoger su alma, acechada por el demonio. De ahí que lo invoquen los moribundos.

Encima · San Mateo
El remate

Una inscripción para el emperador

Corona el conjunto una cartela: «Caminan hacia Cristo aquellos a quienes el poder real había unido sucesivamente, porque el poder real mantiene a los suyos unidos en Cristo». Una alusión directa a la política cesaropapista de Carlos V, fundamentada en el ejercicio conjunto del poder civil y el religioso.

Galería

La portada, en detalle

II

El Retablo

Traza renacentista · madera · concluido en 1526

La estructura triunfal de la portada deja ver completo el retablo. Elevado sobre un basamento, presenta banco, dos cuerpos de tres calles y ático, flanqueado por tritones trompeteros y terminado en frontón.

El banco

Cinco casas y cuatro santas

Santa Juliana, virgen y mártir, con el demonio encadenado a sus pies al que venció en la cárcel; se la invocaba frente a las enfermedades contagiosas. Santa Catalina de Alejandría (?), que ha perdido sus atributos —la rueda dentada y la espada—, considerada excelente abogada del difunto ante el tribunal divino. San Jorge, con armadura, coraza y casco, a caballo dando muerte al dragón: triunfo de Cristo sobre el mal y patrón del reino de Aragón. Santa Ana con la Virgen niña, invocada para alcanzar la intercesión de María y una buena muerte, pues la tradición la hacía asistida por su nieto Jesús en la agonía. Y Santa Isabel, sin atributos, con el manto sobre la cabeza como mujer casada.

En el basamento, el escudo de los comitentes con niños, flanqueado por cabezas de carneros —símbolo de sacrificio y redención— y esfinges, seres de cabeza y torso de mujer, cuerpo de león y alas de pájaro, presentes en los sarcófagos clásicos y renacentistas como emblema de la transformación tras la muerte.

Los dos cuerpos

Arcángeles y los dos Juanes

En el primer piso preside San Miguel Arcángel, guerrero con escudo y lanza rematada en cruz que clava en la boca de un demonio derribado, según el Apocalipsis. Le acompañan San Juan Bautista, que señala con el índice al cordero y sujeta el libro del profeta, y San Juan Evangelista, muy joven, entronizado con el águila y el libro a sus pies y un cáliz con un dragoncillo en la mano, alusión al veneno que hubo de beber en Éfeso. No es casualidad: los dos Juanes son los patronímicos de los comitentes, Juan y Juana.

El segundo piso lo ocupan la Virgen con el Niño entre San Gabriel —con cetro y filacteria con el Ave María— y San Rafael (?), que quizá sea en realidad el ángel custodio, tan reiterado en la Corona de Aragón. Corona el conjunto el Calvario con el busto de Dios Padre, y a los lados dos tritones trompeteros, anunciadores de la salvación del alma cristiana.

El eje central del retablo

Un camino de salvación

VDios PadreEl Padre Eterno, en busto, corona el conjunto
IVEl CalvarioSímbolo de la redención
IIILa VirgenLa madre intercesora
IISan MiguelPsicopompo y patrón de los mercaderes
ISan JorgeEl triunfo sobre el mal
Galería

El retablo, en detalle

III

El programa funerario

Todo el conjunto habla de la Salvación cristiana

La embocadura en forma de arco de triunfo conecta con la simbología cristiana de la puerta como imagen de Cristo Salvador: «Yo soy la puerta; el que entre por mí, se salvará». Los cuatro santos de la fachada son intercesores, y los evangelistas, garantía de salvación. Bajo la apariencia de un repertorio ornamental italiano, cada figura cumple su papel en el discurso.

El águila
Sobre la guirnalda sostenida por putti, tomada de los monumentos funerarios romanos. Símbolo de Cristo y del ascenso del alma al cielo.
Los grifos
Mezcla de león y águila, guardianes de los sepulcros y genios psicopompos; representan la doble naturaleza de Cristo.
Los delfines
Portadores de las almas de los elegidos hacia la vida eterna y, en la iconografía cristiana, símbolo del propio Cristo.
Las esfinges
Conductoras del hombre en su transformación tras la muerte; presentes en los sarcófagos clásicos.
Los tritones
Cristianizados como guías de las almas; los del ático anuncian con sus trompetas la salvación.
Antorchas y flameros
Tomados del mundo romano, simbolizan la luz eterna donde reviven las almas de los bienaventurados.
Los trofeos militares
Tambores, escudos, lanzas, corazas: la victoria espiritual sobre el pecado y la muerte, pese a que los propietarios no eran guerreros.
Las cornucopias
Cuernos de la abundancia repletos de frutas: la abundancia inagotable, las recompensas del paraíso.
La máscara
Uno de los temas preferidos de la estética renacentista, símbolo de la muerte y de la noche.
El linaje

El escudo, repetido

El comitente muestra un gran interés por su linaje: su escudo aparece repetido en la portada —en el intradós del arco y en las enjutas— y duplicado en el sotobanco del retablo. Es el escudo de Juan Lasala y Santa Fe y de Juana Bonet: cuartelado en cruz, 1 y 4 de azur con un castillo donjonado de tres en oro; 2 y 3 de gules con un bonete de oro. Entre los cuarteles, una cruz patriarcal de doble travesaño, aguzada en su parte inferior.

La huella

Un modelo para el Alto Aragón

La capilla debió de causar un gran impacto: la monumentalidad de la portada, la importancia del retablo y la búsqueda de los artistas más vanguardistas del momento la convirtieron en modelo para el matrimonio de Martín Sarasa y Juana de Aranda en la capilla de la Trinidad. Su retablo inspiró el de San Jerónimo de este mismo templo y, cuando Antón Escagüés encargó a Jorge de Flandes un retablo para la Virgen en Santa Cilia, le pidió que fuese tan bueno o mejor que el de los Lasala en la Seo de Jaca. El grutesco de Moreto se reitera además en el guardapolvo del retablo de Santa Ana de la catedral, cuya imagen titular se le atribuye.

La capilla, rectangular, se cubre con bóveda de cañón de casetones cuadrados y octogonales, que aún conserva los ganchos de los que colgaban las claves de madera, hoy desaparecidas.

Una de las muestras más tempranas del Renacimiento en el Alto Aragón.
Ver todas las capillas