Capilla de San Miguel
«La capilla de San Miguel pasa por ser una de las muestras más tempranas del arte del Renacimiento en el Alto Aragón»

- Advocación
- San Miguel Arcángel
- Ubicación
- Frente del muro meridional del transepto
- Planta
- Rectangular · bóveda de cañón con casetones
- Portada
- Piedra calcarenita · Juan de Moreto · 1523
- Retablo
- Madera · traza renacentista · 1526
- Comitentes
- Juan Lasala y Santa Fe y Juana Bonet
- Maestros canteros
- Juan de Segura y Martín de Larola
Cronología
La capilla de San Miguel se abre en el frente del muro meridional del transepto con una monumental portada renacentista de piedra, y forma parte de la gran renovación que vivió la catedral de Jaca en el siglo XVI.
Un mercader llamado Juan Lasala
A finales del siglo XV se unieron dos poderosas familias de mercaderes jacetanos al casarse Luis Lasala con Doça de Santa Fe: fueron los padres de Juan Lasala y Santa Fe, mercader, ciudadano de Jaca y consejero real de Carlos V. Controlaba grandes áreas de la economía jacetana y amasó una fortuna considerable. Se casó con Juana Bonet y el matrimonio no tuvo hijos legítimos; su heredero fue su nieto Joanico Lasala, que hubo de pagar los trabajos de policromía.
Fundar una capilla no era solo levantarla: suponía dejar dinero suficiente para que cada día un sacerdote dijera misa en ella. El testador precisó dónde quería ser inhumado —en el suelo de la capilla— aunque no dispuso tumba expresa. Y no reparó en gastos: contrató al arquitecto más destacado de la provincia de Huesca, Juan de Segura, todavía gótico, pero quiso además las nuevas tendencias llegadas de Italia y encargó al florentino Juan de Moreto la bóveda, la portada y el retablo. Su propio comercio —el de la lana— pudo llevarle a Florencia y ponerle ante el Renacimiento de primera mano. Moreto trabajó aquí asociado a artistas aragoneses como Gil Morlanes el Joven y Juan de Salas.
La Portada
Concebida como un arco de triunfo clásico de dos pisos, aloja cuatro santos en sus hornacinas y a los cuatro evangelistas dentro de coronas vegetales. Culmina en un vano circular abocinado —un rosetón que da luz a la capilla— sustentado por tritones. Su rico programa decorativo destaca por la elegancia, la delicadeza y la excelente factura, y ha llamado siempre la atención de la historiografía por sus novedades.
Los grutescos se despliegan por plintos, jambas, pedestales y frisos: harpías vegetalizadas, jarrones flanqueados por delfines unidos por la cola, máscaras, cuernos de la abundancia entrelazados, flameros, dragones, grifos afrontados que apoyan la pata sobre un candelabro rematado en pebetero encendido, trofeos militares y un panel con dos putti desnudos que sostienen una guirnalda de frutos sobre la que se posa un águila. Todos ellos organizados a candelieri, en torno a un eje central, con desarrollo vertical y horizontal, y con la simetría por norma.
«Esta capilla la mandó hacer el honorable Juan Lasala, mercader y ciudadano de la ciudad de Jaca.»
«Esta obra la ha hecho el maestro Juan de Moreto, florentino. Año 1523.»
Debió de quedar tan satisfecho con una obra tan singular que permitió a Moreto firmar su autoría en un texto situado justo frente al suyo.
Cuatro santos intercesores
San Cristóbal
Barbudo, con túnica corta y manto, lleva sobre el hombro al Niño Jesús al que transportó cruzando el río, apoyado en el tronco de un árbol. Invocado frente a la muerte súbita sin confesión —bastaba haber visto una imagen suya para no morir ese día— y patrono de viajeros y peregrinos.
Encima · San Marcos, con el rollo y el leónSan Roque de Montpellier
Protector frente a la peste, invocado contra la muerte repentina. Viste de peregrino: concha jacobea en el sombrero, zurrón y las llaves cruzadas de romero a Roma. Se levanta la túnica para descubrir la úlcera del muslo; le acompaña el perro con el pan en los colmillos.
Encima · San LucasSan Pablo
Calvo y de largas barbas, sostiene un grueso libro abierto a la manera de los filósofos antiguos; no lleva su espada habitual. Su presencia en un contexto funerario se explica porque habla de la parusía en sus epístolas, y la primera a los tesalonicenses se lee en el oficio de difuntos.
Encima · San Juan EvangelistaSan José
Con cayado, pues su iconografía aún no estaba fijada. Es el patrón de la buena muerte: según la leyenda, Jesús lo asistió en su agonía y le envió a los arcángeles Miguel y Gabriel para recoger su alma, acechada por el demonio. De ahí que lo invoquen los moribundos.
Encima · San MateoUna inscripción para el emperador
Corona el conjunto una cartela: «Caminan hacia Cristo aquellos a quienes el poder real había unido sucesivamente, porque el poder real mantiene a los suyos unidos en Cristo». Una alusión directa a la política cesaropapista de Carlos V, fundamentada en el ejercicio conjunto del poder civil y el religioso.
La portada, en detalle
El Retablo
La estructura triunfal de la portada deja ver completo el retablo. Elevado sobre un basamento, presenta banco, dos cuerpos de tres calles y ático, flanqueado por tritones trompeteros y terminado en frontón.
Cinco casas y cuatro santas
Santa Juliana, virgen y mártir, con el demonio encadenado a sus pies al que venció en la cárcel; se la invocaba frente a las enfermedades contagiosas. Santa Catalina de Alejandría (?), que ha perdido sus atributos —la rueda dentada y la espada—, considerada excelente abogada del difunto ante el tribunal divino. San Jorge, con armadura, coraza y casco, a caballo dando muerte al dragón: triunfo de Cristo sobre el mal y patrón del reino de Aragón. Santa Ana con la Virgen niña, invocada para alcanzar la intercesión de María y una buena muerte, pues la tradición la hacía asistida por su nieto Jesús en la agonía. Y Santa Isabel, sin atributos, con el manto sobre la cabeza como mujer casada.
En el basamento, el escudo de los comitentes con niños, flanqueado por cabezas de carneros —símbolo de sacrificio y redención— y esfinges, seres de cabeza y torso de mujer, cuerpo de león y alas de pájaro, presentes en los sarcófagos clásicos y renacentistas como emblema de la transformación tras la muerte.
Arcángeles y los dos Juanes
En el primer piso preside San Miguel Arcángel, guerrero con escudo y lanza rematada en cruz que clava en la boca de un demonio derribado, según el Apocalipsis. Le acompañan San Juan Bautista, que señala con el índice al cordero y sujeta el libro del profeta, y San Juan Evangelista, muy joven, entronizado con el águila y el libro a sus pies y un cáliz con un dragoncillo en la mano, alusión al veneno que hubo de beber en Éfeso. No es casualidad: los dos Juanes son los patronímicos de los comitentes, Juan y Juana.
El segundo piso lo ocupan la Virgen con el Niño entre San Gabriel —con cetro y filacteria con el Ave María— y San Rafael (?), que quizá sea en realidad el ángel custodio, tan reiterado en la Corona de Aragón. Corona el conjunto el Calvario con el busto de Dios Padre, y a los lados dos tritones trompeteros, anunciadores de la salvación del alma cristiana.
Un camino de salvación
El retablo, en detalle
El programa funerario
La embocadura en forma de arco de triunfo conecta con la simbología cristiana de la puerta como imagen de Cristo Salvador: «Yo soy la puerta; el que entre por mí, se salvará». Los cuatro santos de la fachada son intercesores, y los evangelistas, garantía de salvación. Bajo la apariencia de un repertorio ornamental italiano, cada figura cumple su papel en el discurso.
El escudo, repetido
El comitente muestra un gran interés por su linaje: su escudo aparece repetido en la portada —en el intradós del arco y en las enjutas— y duplicado en el sotobanco del retablo. Es el escudo de Juan Lasala y Santa Fe y de Juana Bonet: cuartelado en cruz, 1 y 4 de azur con un castillo donjonado de tres en oro; 2 y 3 de gules con un bonete de oro. Entre los cuarteles, una cruz patriarcal de doble travesaño, aguzada en su parte inferior.
Un modelo para el Alto Aragón
La capilla debió de causar un gran impacto: la monumentalidad de la portada, la importancia del retablo y la búsqueda de los artistas más vanguardistas del momento la convirtieron en modelo para el matrimonio de Martín Sarasa y Juana de Aranda en la capilla de la Trinidad. Su retablo inspiró el de San Jerónimo de este mismo templo y, cuando Antón Escagüés encargó a Jorge de Flandes un retablo para la Virgen en Santa Cilia, le pidió que fuese tan bueno o mejor que el de los Lasala en la Seo de Jaca. El grutesco de Moreto se reitera además en el guardapolvo del retablo de Santa Ana de la catedral, cuya imagen titular se le atribuye.
La capilla, rectangular, se cubre con bóveda de cañón de casetones cuadrados y octogonales, que aún conserva los ganchos de los que colgaban las claves de madera, hoy desaparecidas.

