Capilla de San Sebastián
Probablemente la peor conservada de todas las capillas de la catedral y, a la vez, una de las más bellas y espectaculares.

- Advocación
- San Sebastián
- Ubicación
- Nave de la epístola
- Portada
- Hispanoflamenca · obispo Juan de Aragón y Navarra (1484–1526)
- Modernización
- 1657
- Retablo
- Mazonería · óleo de la 1.ª mitad del s. XVII
- Comitentes
- Pedro Villanueva y el obispo Vicente Domec
- Cantero
- Pedro Gil (contrato del canónigo Martín de Jasa)
Se abre a la nave por una portada hispanoflamenca de tiempos del obispo Juan de Aragón y Navarra, muy similar a la que se encuentra enfrente, en la nave del Evangelio. En su interior custodia un retablo advocado a San Sebastián, con un óleo de la primera mitad del siglo XVII que reproduce una creación de José de Ribera.
Don Pedro Villanueva
Hablar de lo que hoy es la capilla de San Sebastián es hablar, en realidad, de una modernización llevada a cabo en 1657 como parte de un proceso de «recordar a futuro» —así aparece la fórmula en la solicitud para actuar en la capilla— la memoria y las fundaciones de don Pedro Villanueva, caballero de la Orden de Santiago y Protonotario de la Corona de Aragón durante el reinado de Felipe IV, y las del obispo Vicente Domec.
El cargo de Protonotario era un oficio real desde la época de Pedro IV «el Ceremonioso» en el siglo XIV, y tenía como función la custodia del Sello Real y el cobro por sus derechos, entre otras. No se ha hallado documentación que confirme el parentesco de don Pedro con Jerónimo de Villanueva y Díez de Villegas, su antecesor en el cargo —del que se sabe que dejó favores a familiares para perpetuarse en él—, aunque todo hace pensar que debió serlo.
La Portada
La portada se compone de una fachada de aires góticos flanqueada por dos pináculos de un gótico ya tardío —recordemos que nos encontramos en el siglo XVI—. El arco de entrada responde al tipo «carpanel» y se decora con pequeños detalles de tracería rematados en lo que parecen ser granadas abiertas.
Sobre el arco, dos ángeles enmarcados en elementos góticos sostienen el escudo nobiliario: una ciudad amurallada en la que destacan tres torres con banderas, heráldica de la familia Villanueva. Por contrato se indica al cantero Pedro Gil que debía medir «una bara de alto y tres palmos y medio de ancho».
A ambos lados, enmarcadas en guirnaldas vegetales, aparecen las efigies de quienes podrían ser los dueños de la capilla. La figura femenina se muestra de perfil, con un tocado de aires clásicos. En cuanto al personaje masculino, destaca el casco griego alado —el petaso—, que remite de inmediato a la figura de Hermes.
Hermes psicopompo
El dios que conduce las almas al inframundo. Tratándose de una capilla funeraria, la atribución cobra todo el sentido.
Hermes, dios del comercio
Patrón de los comerciantes y de la prudencia en el intercambio social. El esplendor jaqués de estos años se debe a una burguesía dedicada sobre todo al comercio, así que puede ser esta la verdadera alusión.
Llama la atención que, en vísperas de un siglo XVI que revisita el arte clásico, aparezcan elementos paganos como este en un templo cristiano. En la parte superior del marco se distingue además una inscripción latina, hoy prácticamente ilegible.
El Interior
Esta amplia capilla se divide en dos espacios: el mayor es el que se contempla al asomarse por la reja; al fondo y a la derecha, una pequeña puerta conduce a una sacristía donde se ubicaría el pudridero, lo que corrobora que la idea inicial del espacio era la de una capilla funeraria.
Destaca en su interior un notable alicatado que dota al conjunto de color, armonía y calidez; es curioso, aunque no extraordinario, encontrar este elemento decorativo en una capilla como esta. Para la obra, el canónigo Martín de Jasa firma los papeles para que sea el cantero local Pedro Gil quien la aborde.
La techumbre recuerda a la de las propias naves de la catedral, con bellísimas formas tardogóticas de probable atribución a Juan de Segura, si bien su pintura se conserva mal y se ha perdido una de las claves de bóveda. En las ménsulas de esas nervaduras se ubican los escudos de los Villanueva, y en los de ambos lados del retablo aparece también el escudo de la Orden de Santiago.
El Retablo
El retablo que preside la capilla, dedicado al santo, merece mención aparte: un bellísimo y elegante ejemplo de mazonería que recuerda a otros trabajos de la zona. Pero lo que debería llevarse toda nuestra atención es el magnífico trabajo pictórico que aquí encontramos y que, de no contar con la información de archivo, permitiría datar el conjunto en la segunda mitad del siglo XVII.
Ribera, en cuerpo entero
El lienzo del retablo ofrece una interesante ejecución y es una obra muy similar a un San Sebastián de José de Ribera. Si bien el cuadro de Ribera presenta una representación de tres cuartos, el lienzo jaqués lo muestra de cuerpo entero.
El estado de conservación de esta pintura es muy malo: la pintura parece haber emulsionado porque, durante mucho tiempo, unas velas en honor al santo debieron de situarse justo delante de la obra.
Las «espirituadas» de Santa Orosia
1947No sería justo cerrar el recorrido histórico-artístico por esta capilla sin señalar la importancia etnográfica que adquirió para la población, no solo de Jaca sino de todo el Alto Aragón: es el espacio que arraiga con el culto a Santa Orosia, tan extendido al norte del Monrepós.
Las «espirituadas» eran mujeres que aducían estar poseídas por el diablo y que procesionaban durante la jornada del 25 de junio. Durante la vigilia de esa jornada eran encerradas en esta capilla, donde pasaban toda la noche antes de ser «curadas» al ser presentadas ante la reliquia sagrada de la patrona.
Fue en 1947 cuando el obispo Bueno Monreal, habiendo sido testigo de aquello que se formaba en la catedral durante esa noche, decidió suprimir el rito.

