Santo Entierro

Edad Moderna · Museo Diocesano de Jaca

Santo Entierro

Catedral de San Pedro de Jaca · Barroco
Santo Entierro
Santo Entierro · MDJ
Ficha de la obra
Procedencia
Catedral de San Pedro de Jaca (Huesca)
Cronología
Siglo XVII · Barroco
Técnica
Óleo sobre lienzo
Dimensiones
63 × 76 cm
Tema
El Entierro de Cristo
Ubicación actual
Museo Diocesano de Jaca

El Entierro de Cristo iluminado por una sola vela: un espléndido ejemplo del tenebrismo barroco.

Pintura de formato rectangular horizontal que muestra el Entierro de Cristo, resuelta como un espléndido ejercicio de tenebrismo, con toda la escena iluminada por una única vela.

El tema
El Entierro
Cristo muerto
La luz
Una vela
Tenebrismo
Los dolientes
En torno al cuerpo
Magdalena y la Virgen
La escena

Cristo y los dolientes

En primer término aparece Cristo muerto, recostado sobre un sudario blanco, con la cabeza inclinada hacia atrás, las piernas dobladas y cubierto por un pequeño paño de pureza. Tras él, a la izquierda, un hombre anciano —calvo, de barba blanca y manto rojo— dirige la mirada al cuerpo y sujeta el sudario con ambas manos. A la derecha, dos mujeres que pueden interpretarse como María Magdalena —joven, de larga melena, de pie e inclinada hacia el cuerpo— y la Virgen María, con velo blanco, túnica azul y manto púrpura, arrodillada junto a su Hijo con los brazos extendidos. Al fondo se adivinan dos figuras más y, en el ángulo superior izquierdo, un hombre de perfil tocado con un turbante.

La luz

El tenebrismo de la vela

La obra destaca por la minuciosidad de los pliegues y, sobre todo, por el tratamiento de la luz, que la convierte en un buen ejemplo del tenebrismo. El foco es artificial: una gran vela situada en el centro de la composición, cuya luz solo ilumina el cuerpo de Cristo y a las personas más cercanas, mientras el fondo y el resto de los personajes quedan sumidos en penumbra.

El marco

Un marco dorado

La pieza se completa con un marco de color claro y borde dorado, decorado con motivos en relieve en las esquinas y en el centro de cada uno de sus cuatro lados.

Una única fuente de luz —la vela del centro— rige toda la escena: alcanza a Cristo y a quienes lo rodean, y hunde el resto en la oscuridad.