Sepulcro del Obispo Pedro Baguer
Ni una sola inscripción, ni epitafio alguno: solo el blasón deja memoria de quién yace aquí.

- Titular
- Don Pedro Baguer, obispo de Alghero (Cerdeña)
- Ubicación
- Adosado al muro testero del transepto norte
- Materiales
- Alabastro y piedra
- Mazoneros
- Juan Rigalte y Guillén Salbán
- Escultura
- Con la participación de Juan de Anchieta
- Promotor
- Martín Íñiguez, sobrino del obispo
- En obras
- Ya en 1568
Don Pedro Baguer era natural de Jaca y fue obispo de Alghero, en Cerdeña. De noble familia —hijo de la casa de los señores de Arrés y de la de Honor de Senegué—, se doctoró en la Universidad de Salamanca y desarrolló una imparable carrera como Inquisidor del Reino de Toledo y miembro del Consejo de Aragón. Fue además visitador del Reino de Mallorca y vivió en Jaca sus últimos años.
Precedió en la sede insular a Pedro del Frago, obispo de Alghero en 1566 y nombrado obispo de Jaca en 1572; ambos prelados asistieron a las sesiones del Concilio de Trento. Baguer nunca olvidó la seo jaquesa: en 1538 donaba un cáliz al cabildo. Fallecido antes de 1566, fue su sobrino Martín Íñiguez, infanzón de Zaragoza, quien acometió la remodelación de la capilla Baguer y le levantó este monumento funerario.
Cronología
La arquitectura
La sepultura consta de un arco de triunfo apoyado en pilares, cuyas enjutas presentan altorrelieves de profetas en alabastro: quizá Jeremías —con la piedra en la mano, símbolo de su lapidación— y Ezequiel, relacionado con la Virgen. Recuerdan a modelos miguelangelescos y se atribuyen también a Anchieta. Remata el conjunto un frontón triangular con el escudo del obispo en piedra.
Las pilastras llevan el tercio inferior decorado con grutescos que no son mero ornato: cada elemento cumple su papel en el discurso funerario.
- Dos vacas puestas en faja.
- Un castillo donjonado de tres.
- Un árbol resaltado de león rampante.
- Una vaca y tres palos.
Resulta curioso que no haya inscripciones conmemorativas ni epitafio que aclare quién está allí enterrado: es el blasón, repetido, el que deja memoria.
Las virtudes
Las virtudes teologales
Las virtudes cardinales
Cinco virtudes en el frente
El yacente
Dentro del arco-hornacina reposa la urna funeraria y, sobre ella, la estatua yacente del obispo en alabastro. Se presenta con los ojos cerrados, expresando el gozo del descanso eterno, y viste indumentaria episcopal: tocado con mitra adornada de pedrería y casulla decorada con cenefas que imitan bordados.
Las manos, cruzadas sobre el cuerpo, aparecen enguantadas y con anillos en los dedos; sujeta el báculo, atributo de su dignidad. El rostro es el de un anciano, lleno de arrugas.

Nuestra Señora de la Asunción
Sobre el yacente se dispone el grupo escultórico de la Asunción, también en alabastro: la Virgen como reina de los cielos.
Se incluye en este contexto funerario porque, debido a su condición de Madre de Dios, se confía en su misericordia para que interceda a favor del difunto en el Juicio Final.
Su coronación por los ángeles es símbolo de su victoria sobre la muerte: la misma victoria que el arco de triunfo proclama abajo.

